23 de enero en Venezuela: memoria histórica, resistencia democrática y llamado urgente a la unidad
Nota de Prensa
• Por Equipo Editorial
El 23 de enero constituye un hito fundamental en la historia democrática de Venezuela. En esta fecha, en 1958, una amplia alianza entre la sociedad civil y militares constitucionalistas puso fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. A casi siete décadas de aquel acontecimiento, los venezolanos conmemoran esta fecha no como un acto ceremonial, sino como un recordatorio vigente de la lucha por la libertad, el Estado de derecho y la dignidad humana.
Según Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano de Caracas y reconocido internacionalmente por su defensa de la democracia, el 23 de enero representa “una lección viva para todos los pueblos que enfrentan regímenes autoritarios: la unidad de las fuerzas democráticas es el único camino eficaz para recuperar la libertad”. Desde luego que también se hace indispensable la solidaridad efectiva de la comunidad internacional, puntualiza Ledezma.
La trayectoria democrática de Ledezma ha sido reconocida por instituciones internacionales. En 2017 recibió el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, otorgado por el Parlamento Europeo, así como el Democracy Award, concedido por la National Endowment for Democracy (NED), en reconocimiento a su resistencia pacífica frente al autoritarismo y su defensa de los valores democráticos en Venezuela.
Durante la dictadura de Pérez Jiménez, la represión política se institucionalizó a través de centros de reclusión y tortura como Guasina y Sacupana, ubicados en el Delta del Orinoco. Tras el cierre de estos campos de concentración, numerosos presos políticos fueron trasladados a distintas cárceles del país, entre ellas la Penitenciaría General, en San Juan de los Morros. Aunque cambiaron los lugares de reclusión, la persecución política se mantuvo como política de Estado.
“Este episodio histórico demuestra que los regímenes autoritarios pueden modificar sus métodos, pero no abandonan su esencia: silenciar la disidencia y quebrar la libertad”, señaló Ledezma.
En la actualidad, Venezuela enfrenta una nueva etapa de autoritarismo. La persistencia de presos políticos, la persecución sistemática contra líderes opositores y el debilitamiento de las instituciones democráticas evidencian la continuidad de prácticas que vulneran los estándares internacionales de derechos humanos. Ledezma advirtió que, bajo los gobiernos de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y con la creciente concentración de poder en torno a Delcy Rodríguez, la represión se ha institucionalizado y sofisticado. Es opinión de Ledezma que “ya no solo se ven venezolanos exiliados, como antes, sino que ahora resalta la impactante diáspora de millones de ciudadanos regados por el mundo”.
Al establecer paralelismos históricos, Ledezma recordó la Carta Pastoral de 1957 de monseñor Rafael Arias Blanco, que denunció con valentía las injusticias sociales de la dictadura. Hoy, esa voz encuentra eco en las denuncias de la sociedad civil y en los testimonios públicos de familiares de dirigentes perseguidos, como el caso de allegados de Edmundo González Urrutia.
“La defensa de la democracia es inseparable de la defensa de la verdad”, enfatizó Ledezma. “Los regímenes autoritarios temen a la memoria, a la transparencia y a la unidad ciudadana”
En este contexto, destacó la importancia de la cohesión democrática y de la solidaridad internacional. Subrayó el liderazgo político de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia como una vía legítima, pacífica y constitucional para la transición democrática en Venezuela.
“El 23 de enero nos recuerda que la democracia no solo debe recuperarse, sino resguardarse de manera permanente. La comunidad internacional tiene un papel fundamental en acompañar al pueblo venezolano para garantizar que los abusos del pasado no se repitan”, concluyó.
La lucha democrática de Venezuela sigue siendo un asunto de interés regional y global.